(Un capítulo de un próximo folleto titulado “Viviendo Sobrio”)
“¡Eso es todo, se acabó!”, decíamos, a veces apenas minutos después de haber actuado sexualmente. Bajábamos la cabeza avergonzados y jurábamos, con lágrimas en los ojos, que nunca más volvería a pasar. A menudo repetíamos este juramento a nuestras parejas. Nuestros días de ver pornografía y de mal actuar sexualmente habían terminado.
Sin embargo, después de solo unos meses, una semana o incluso unas pocas horas, nos encontrábamos otra vez en lo mismo. Reforzábamos nuestros votos solemnes. Tal vez tomábamos un libro de autoayuda o recorríamos foros de recuperación de la pornografía, creyendo que podíamos encontrar una salida al problema a través del pensamiento y resolverlo por nuestra cuenta. Pero no reconocíamos que nuestro mejor razonamiento fue precisamente lo que nos llevó hasta allí.
Innumerables y dolorosos fracasos nos enseñaron que carecíamos de la fuerza de voluntad para cumplir nuestra promesa. No importaba cuántas veces recayéramos o cuán fuerte quisiéramos levantarnos. Algunos sabíamos que un desliz más acabaría con nuestra relación, rompería nuestra familia o, peor aún, nos llevaría al borde de la locura o de la muerte. Y aun así, mal actuábamos.
Cuando tenemos un resfriado no podemos desear que la enfermedad desaparezca. No podemos decir: “¡Vete, gripe!”. Si queremos mejorar, la única opción es tomarnos la medicina. Lo mismo ocurre con la enfermedad de la adicción. Puede que nosotros, los adictos, hayamos perdido la capacidad de controlar nuestro comportamiento de mal actuar, pero siempre podemos elegir tomarnos nuestra medicina.
Con el espíritu de querer recuperarnos, llegamos a una decisión simple: “Haré todo lo que esté a mi alcance para mantenerme sobrio, solo por hoy.”
Eso es todo. Sin una larga lista de reglas ni promesas extravagantes. Descubrimos que mantener nuestro plan simple contribuye enormemente a su éxito. Un año completo sin pornografía puede parecer como escalar el Everest. Pero ¿un solo día? Todos hemos logrado mantenernos sobrios por un día; eso sí podemos hacerlo.
Aquí hay un método que nos funciona. Nos decimos a nosotros mismos: “un día a la vez”, especialmente cuando surge el impulso de mal actuar sexualmente. En ese momento, nos comprometemos a mantenernos sobrios durante las próximas 24 horas. Si eso parece inalcanzable, fijamos la meta para la próxima hora o incluso para lospróximos diez minutos. La idea es frenar nuestros impulsos sexuales antes de precipitarnos por el acantilado. Hacemos una pausa antes de actuar.
En los minutos que nos regalamos, actuamos con la urgencia serena de un bombero apagando un incendio. Podemos salir de casa para escapar de las tentaciones sexuales en nuestros dispositivos. Pedimos ayuda con sinceridad a nuestro Poder Superior. Tomamos el teléfono y llamamos a otro miembro. O asistimos a una reunión de SPAA. Al hablar con otro miembro sobre nuestra lucha común, recordamos las dolorosas consecuencias de nuestra conducta de mal actuar y las innumerables razones para mantenernos sobrios. A menudo, solo unos minutos de compañerismo pueden salvarnos de una recaída. “Ah, claro”, nos decimos. “Quizás pasar todo el día viendo pornografía no sea una idea tan brillante”.
Cuando nos cuesta lograr siquiera un solo día de sobriedad, este método puede parecer fuera de nuestro alcance. Pero se vuelve más fácil con la práctica. Con el tiempo, se convierte en algo natural recurrir a las herramientas del programa en lugar de perseguir cada impulso sexual que aparece. El impulso pasará. Siempre lo hace.
Una llamada telefónica, una oración o una reunión suelen ser la diferencia entre la sobriedad y el sufrimiento. Pero hay días en que los obstáculos amenazan con hundirnos. Nuestra pareja deja el carro sin gasolina; nos despiden inesperadamente; alguien que deseamos nos rechaza. Podemos volvernos irritables o inquietos, ansiando alivio. O podemos encontrarnos arrastrados por una marea de facturas, correos electrónicos y fechas límite, y simplemente olvidar lo más importante para nuestra salud y recuperación. Ah, sí… ¡nuestro plan!
Nos recordamos nuestra decisión de hacer cualquier cosa posible para mantenernos sobrios ese día. ¿Ir a una segunda reunión? ¿Por qué no? ¿Llamar a un miembro de SPAA? Seguro que le alegrará saber de ti.
“No tengo tiempo para estas cosas”, hemos dicho. Somos personas ocupadas. Algunos estamos hasta el cuello con exámenes. Otros dirigimos negocios. La jornada laboral terminó, pero nuestro hijo está gritando con toda su adorable energía en la habitación de al lado. ¡La casa está en llamas!
En momentos como estos, cuando sentimos que no podemos ni siquiera enviar un mensaje a otro miembro, nos recordamos un hecho innegable: no tenemos tiempo para no buscar apoyo. En lugar de enfocarnos en los minutos de trabajo o de tiempo familiar que podríamos “perder” por atender nuestro programa espiritual, pensamos en las horas que ganamos al no ver pornografía ni mal actuar sexualmente. La elección es nuestra: actuar para buscar apoyo… o mal actuar.
Uno a uno, vamos apilando nuestras horas de sobriedad como ladrillos para construir una base sólida para nuestra recuperación. Superamos esas 24 horas difíciles recurriendo a nuestras herramientas espirituales. Y, más a menudo de lo que creemos, el impulso sexual que dominaba nuestra mente pasa como la lluvia. Eso es todo lo que son nuestros impulsos: el clima.
Para muchos de nosotros, nuestra recuperación depende en gran medida de vivir un día a la vez. Puede que en el pasado hayamos roto todas las promesas que nos hicimos a nosotros mismos y a nuestras parejas, pero mediante la honestidad rigurosa y la disposición a llegar hasta donde sea necesario, aprendimos a decir lo que hacemos y a hacer lo que decimos. Un día a la vez.
Actualizado el 28/3/2022
