(Adaptado del Capítulo 3 del Libro Grande de AA)
La mayoría de nosotros no hemos estado dispuestos a admitir que éramos realmente adictos al sexo y la pornografía. A nadie le agrada pensar que es física y mentalmente diferente a sus compañeros. Por lo tanto, no es extraño que nuestros pasados comportamientos sexuales se hayan caracterizado por incontables y vanos esfuerzos de probar que no éramos adictos. Para todo adicto al sexo y la pornografía nuestra gran obsesión es la idea de que de alguna forma, algún día, llegaremos a controlar y disfrutar nuestros pensamientos y comportamientos sexuales compulsivos. La persistencia de esta ilusión es sorprendente. Muchos de nosotros la persiguen hasta las puertas de la locura o de la muerte.
Llegamos a comprender que teníamos que admitir plenamente, en lo más profundo de nuestro ser, que éramos adictos al sexo y la pornografía. Éste es el primer paso hacia la recuperación. Hay que acabar con la ilusión de que somos como la demás gente, o de que pronto lo seremos.
Nosotros, los adictos al sexo y la pornografía, somos hombres y mujeres que hemos perdido la capacidad de controlar nuestros pensamientos y comportamientos sexuales. Sabemos que no hay nadie realmente adicto al sexo y la pornografía que se recupere jamás el control. Todos nosotros creímos a veces que estábamos recobrando el control, pero esos momentos, generalmente breves, eran inevitablemente seguidos de incluso menos control, que con el tiempo nos llevaba a una lastimosa e inexplicable desmoralización. Estamos convencidos de que todo adicto al sexo y la pornografía padece de una enfermedad progresiva. Después de un largo tiempo empeoramos, nunca mejoramos. Según nuestra experiencia la adicción al sexo y la pornografía como el alcoholismo es una enfermedad que se puede de alguna manera frenar, pero jamás curar.
No obstante todo lo que podamos decir, muchos de aquellos que realmente son adictos al sexo y la pornografía no van a creer que pertenecen a esa clase. Tratarán, a base de toda clase de autoengaño y experimentación, de convencerse a sí mismos de que son la excepción a la regla. Si cualquiera que está demostrando incapacidad para controlar sus pensamientos y comportamientos sexuales puede cambiar completamente y dejar de portarse mal, se le felicita. ¡Sólo Dios sabe lo que hemos hecho durante tanto tiempo para dejar de portarnos mal sexualmente!
Éstos son algunos de los métodos que hemos tratado: mirar pornografía sin masturbarse; solo mirar pornografía sutil o leve; solo fantasear; masturbarse una vez al día; masturbarse sin mirar pornografía; masturbarse sin eyacular; deshacerse de todo nuestro material erótico; limitarse a media hora de pornografía en internet al día; casarse; tener relaciones solo monógamas; coquetear y dar esperanzas falsas sin buscar una relación; ir de caza sin conseguir a nadie; hacer ejercicio compulsivamente; leer libros de ayuda propia o inspiración; fingir la hermandad en reuniones de los 12 pasos para coquetear – podríamos prolongar la lista hasta el infinito.
No nos gusta diagnosticarle a ningún individuo como adicto al sexo y la pornografía, pero tú mismo puedes diagnosticarte rápidamente. Ve a la playa, bar, o centro comercial más cercano o ingresa a tu sitio web favorito (incluyendo los sitios de citas y medios sociales) y trata de controlarte mientras fantaseas sexualmente. Trata de fantasear y dejar de hacerlo bruscamente. Haz la prueba más de una vez. No tardarás mucho en poder decidir, si eres sincero contigo mismo. Puede valer la pena pasar grandes sufrimientos, si con esto te das cuenta cabal de tu condición.
