La Opinión del Médico para SPAA

La comunidad de SPAA me ha pedido que comparta mis reflexiones sobre la naturaleza del uso compulsivo y adictivo del sexo, la pornografía, la masturbación y la fantasía sexual (en adelante referidos simplemente como “sexo”). Como médica y psiquiatra que ha pasado las últimas dos décadas tratando e investigando pacientes con adicción, me siento honrada de hacerlo.

Permítanme comenzar refutando las afirmaciones infundadas —a menudo sostenidas incluso por las propias personas con adicción—de que las personas no pueden volverse adictas al sexo. Entre los argumentos comunes en contra de la adicción al sexo se incluyen: “el sexo es una parte saludable de la vida”, “las conductas sexuales representan una elección de estilo de vida”, o simplemente “no es posible volverse adicto a algo que no es una droga”. Refuto estas afirmaciones por las siguientes razones.

Es esencial recordar que el diagnóstico de todos los trastornos de salud mental se basa en la fenomenología: patrones similares de comportamiento observados en distintos individuos a través del espacio y el tiempo. No existe un análisis de sangre ni un escáner cerebral que pueda identificar de manera independiente ningún trastorno psiquiátrico. La fenomenología de la adicción al sexo es la misma que la de la adicción a sustancias como los opioides, la cocaína y el alcohol; en adelante usaré el término “droga” para referirme a todo tipo de sustancias o estímulos intoxicantes, incluido el sexo.

Las personas comienzan a usar drogas por placer o para resolver un problema. El problema puede ir desde depresión, ansiedad e insomnio, hasta presión social, soledad y aburrimiento, y todo lo que hay entre medio. Si la droga funciona a corto plazo, entonces el individuo vuelve a usarla repetidamente. Incluso las conductas irracionales asociadas a la adicción comienzan con estos fundamentos racionales.

Con el uso repetido a lo largo del tiempo, se desarrolla la tolerancia; es decir, la droga pierde eficacia y el individuo necesita más cantidad y/o formas más potentes de la droga para obtener el mismo efecto. En la adicción al sexo, la tolerancia suele manifestarse como:

  1. mayor energía y tiempo dedicados a buscar parejas y/o a interactuar con pornografía, masturbación y fantasía;
  2. formas más desviadas (culturalmente tabú) de sexo/pornografía/fantasía para aumentar la potencia; y
  3. un uso más riesgoso, por ejemplo, usar de maneras o en situaciones que representan una amenaza inmediata para la salud, el patrimonio y las relaciones.

Además de la tolerancia, el individuo experimenta abstinencia cuando reduce o deja de usar. La abstinencia de una droga no necesita ser física para que dicha droga sea adictiva. Los síntomas universales de abstinencia de cualquier sustancia adictiva son ansiedad, irritabilidad, insomnio, depresión y deseo intenso (craving). Estos estados psicológicos aversivos son comunes en personas con adicción al sexo en las primeras etapas de la abstinencia. En algunos pacientes, también he observado síntomas físicos de abstinencia de la adicción al sexo, incluyendo dolor corporal, fatiga y disfunción eréctil.

La persona adicta eventualmente llega a un punto en el que su enfermedad se vuelve “ingobernable”. Su consumo está fuera de control. Usa de manera compulsiva—repetidamente y sin intención consciente, a pesar de haber planeado no usar. Experimenta deseo intenso por su droga (craving), que puede ser mental, físico o ambos. Y sufre consecuencias significativas en su vida, aun así le es difícil detenerse. Estos son las 4 C de la adicción: control, compulsiones, craving (deseo intenso) y consecuencias.

Más allá de la fenomenología, los avances en neurociencia de los últimos 75 años demuestran que todas las drogas reforzantes (incluido el sexo) actúan sobre la misma vía de recompensa e involucran el mismo neurotransmisor: la dopamina. Todas las drogas reforzantes provocan un aumento de dopamina. Estudios de neuroimagen en humanos muestran la activación de los centros de recompensa del cerebro al ver pornografía y durante el orgasmo. Muchos tipos de estudios, tanto en animales como en humanos, muestran que, con el uso repetido de cualquier droga reforzante, el cerebro se adapta a niveles crónicamente elevados de dopamina disminuyendo los receptores dopaminérgicos, creando así un estado de déficit de dopamina.

Una forma de entender el estado de déficit de dopamina es imaginar que en nuestro cerebro existe una balanza: una viga sobre un punto de apoyo central, como un sube y baja en un parque infantil. Esta balanza representa cómo procesamos el placer y el dolor. Cuando el sube y baja está en reposo, la viga está nivelada con el suelo. Cuando sentimos dolor, se inclina hacia un lado. Cuando sentimos placer, se inclina hacia el otro. Una de las reglas generales que gobiernan esta balanza es que quiere mantenerse nivelada y, después de cualquier desviación de la neutralidad, nuestro cerebro trabaja arduamente para restaurar el equilibrio, lo que los neurocientíficos llaman homeostasis. El cerebro lo hace inclinándose en una cantidad igual y opuesta al estímulo inicial antes de volver a la posición nivelada. Me gusta imaginar esto como“gremlins de la neuro adaptación” que se suben al lado del dolor de la balanza para intentar nivelarla nuevamente. Pero a los gremlins les gusta estar en la balanza, así que no se bajan cuando se alcanza el equilibrio. Se quedan hasta que la balanza se ha inclinado una cantidad igual y opuesta hacia el lado del dolor. Experimentamos esta inclinación hacia el dolor como la bajada, el bajón o la resaca.

Si esperamos el tiempo suficiente, los gremlins finalmente se bajan de la balanza (el cerebro se adapta) y se restablece el equilibrio (homeostasis), pero existe una tendencia natural a querer contrarrestar el bajón volviendo a consumir otra dosis. Con dosis repetidas a lo largo del tiempo, acumulamos cada vez más gremlins en el lado del dolor de la balanza. Ahora estamos en un estado de déficit de dopamina: necesitamos cantidades mayores y más potentes de nuestra droga para competir con los gremlins y sentir placer. Cuando no estamos usando, experimentamos los síntomas universales de abstinencia de cualquier sustancia adictiva, como se describió. Hemos cambiado efectivamente nuestro punto de referencia para experimentar placer y dolor. Es decir, somos adictos. El cerebro adicto no necesita una razón para seguir usando. El impulso hacia la homeostasis es suficiente para perpetuar estas conductas.

La adicción es una enfermedad biopsicosocial, lo que significa que está causada por la interacción entre el cerebro, la persona y el entorno. Vivimos en una época en la que la cantidad, variedad y potencia de drogas altamente reforzantes nunca ha sido mayor. Esta interacción tiene especial relevancia para la adicción al sexo. La llegada de Internet y, en particular, del teléfono inteligente con acceso 24/7 a la pornografía y a parejas sexuales, ha contribuido enormemente a la prevalencia de la adicción al sexo. Los algoritmos de inteligencia artificial que aprenden patrones de consumo y ofrecen productos digitales sin ser solicitados a través de correos electrónicos, mensajes de texto, alertas y notificaciones—incluidas imágenes pornográficas gráficas— hacen que sea casi imposible evitar estos estímulos sin evitar el Internet por completo. Nuestra preocupación cultural por el sexo, junto con narrativas que normalizan el sexo casual y los encuentros sexuales, ha hecho aún más difícil identificar la adicción al sexo cuando existe.

Además, la adicción al sexo puede conllevar una capa adicional de vergüenza. La actividad sexual fuera de la pareja casi siempre va acompañada de una sensación de traición romántica y de la erosión de la confianza básica. Irónicamente, la adicción al sexo en su esencia no trata sobre el sexo. Trata sobre mecanismos de afrontamiento desadaptativos.

Lo que nos lleva a qué podemos hacer al respecto.

Un cuerpo creciente de evidencia científica demuestra que la participación activa en programas de 12 pasos permite que las personas entren y se mantengan en recuperación de la adicción. He visto en mi propia práctica clínica ejemplos de personas con adicción severa al sexo que han logrado la recuperación con la ayuda de programas de 12 pasos como SPAA.

La recuperación de la adicción al sexo comienza con la abstinencia. SPAA define la abstinencia como: “No tener sexo con uno mismo (masturbación), no tener sexo fuera de una relación comprometida y no ver pornografía”.

Desde una perspectiva neurocientífica, la abstinencia es necesaria para dar tiempo suficiente a que los gremlins de la neuro adaptación se bajen del lado del dolor de la balanza y para que se restablezca la homeostasis de la dopamina. La homeostasis de la dopamina es necesaria para resolver la ansiedad, irritabilidad, insomnio, depresión y el deseo intenso mediados por la abstinencia. Una abstinencia suficiente también es necesaria para ver la verdadera causa y efecto: cuando perseguimos la dopamina, perdemos de vista cómo el consumo de nuestra droga está impactando nuestras vidas. Nuestra atención se enfoca de manera estrecha en obtener y usar nuestra droga de elección y nos volvemos ciegos a otra información. A esto a veces se le llama el cerebro secuestrado. Un período de abstinencia restaura nuestra capacidad de tomar decisiones basadas en información real.

He aprendido de mis pacientes que también necesitan abstenerse de los detonantes y señales que conducen a su conducta adictiva. En SPAA, el edging se define como conductas que “nos dan un ‘golpe’ de nuestra droga y a menudo conducen a la pérdida de nuestra sobriedad”. Esto es literalmente cierto, ya que sabemos que incluso los recordatorios de nuestra droga pueden liberar dopamina en la vía de recompensa del cerebro. Es importante destacar que el pequeño aumento de dopamina provocado por una señal de la droga es seguido por un pequeño estado de déficit de dopamina. Esto sugiere que, al exponer el cerebro a un simple recordatorio de la droga, el individuo puede verse sumido en la fisiología debilitante que impulsa el uso compulsivo. Al abstenerse de detonantes/edging, incluyendo la fantasía y el recuerdo eufórico, la persona evita el dolor de la adicción. En SPAA, las conductas de edging incluyen mirar aplicaciones de redes sociales en busca de imágenes excitantes no pornográficas, coquetear, fantasear, y la lista continúa.

Estudios en animales muestran que una vez que un animal asocia una señal, como una luz o una campana, con la llegada inminente de una recompensa como la cocaína, ese animal experimentará un aumento de dopamina al ver la luz o escuchar la campana, incluso antes de que se entregue la cocaína. En otras palabras, el simple recordatorio de la droga hace que el animal experimente una leve intoxicación. De manera importante, el pequeño aumento de dopamina ante la señal es seguido por un pequeño estado de déficit de dopamina, es decir, la experiencia de deseo intenso y disforia, lo que crea la motivación para buscar la droga y aliviar el dolor.

Otro principio básico de la neurociencia entra en juego aquí. El neurocientífico Donald Hebb dijo célebremente: “Las neuronas que se activan juntas, se conectan juntas”, describiendo cómo las vías cerebrales se refuerzan mediante el uso repetido. Creamos circuitos neuronales al involucrarnos repetidamente en pensamientos y conductas adictivas. Para cambiar esas conductas, necesitamos crear nuevos circuitos de “recuperación” con nuevos pensamientos y conductas. Para que estos nuevos circuitos prosperen, necesitamos mantener una atención regular en la recuperación.

Puedes pensar en esto como en el cultivo de un jardín. Si hemos cuidado cierto cultivo durante muchos años —haciendo crecer nuestra adicción—, la rutina de riego diario y el abono transportado en carretillas habrán compactado los caminos y dejado surcos profundos en el suelo. Por lo tanto, tiene sentido que, si decidimos cultivar un nuevo jardín en un lugar distinto, tomará mucho tiempo que las plantas originales mueran y que los surcos profundos del suelo desaparezcan, del mismo modo que tomará tiempo que las nuevas semillas echen raíces en un nuevo terreno. Para que nuestro nuevo jardín prospere, necesitamos deshierbar constantemente, lo que significa prestar atención regular a la recuperación.

Los programas de doce pasos ayudan a mantener nuestra atención en la recuperación de muchas maneras. Proporcionan apoyo emocional, una red social sobria y un refugio seguro en momentos de angustia. La comunidad también funciona como un hipocampo extendido (repositorio de memoria) para compensar la incapacidad del cerebro de recordar a los gremlins.

¿A qué me refiero exactamente con eso? Permítanme explicarlo.

Los seres humanos tenemos una memoria aguda y duradera del estímulo inicial, ya sea placer o dolor, pero poca o ninguna memoria de los gremlins que le siguen. Recordamos el placer inicial, pero no el dolor que viene después. El ciclo constante de historias antiguas y nuevas en SPAA nos permite acceder a nuestra memoria colectiva. Al fomentar la honestidad, los 12 pasos hacen responsables a los miembros, al mismo tiempo que ofrecen aceptación y un camino hacia la recuperación frente a estas conductas. Planteo la hipótesis de que la práctica de la “honestidad rigurosa” puede fortalecer la corteza prefrontal, una parte del cerebro esencial para la planificación futura y la gratificación diferida. Estudios de neuroimagen han demostrado que cuando las personas participan en recompensas a corto plazo, se activa la vía del placer.Cuando participan en recompensas diferidas y a largo plazo, se activa la corteza prefrontal.

Lo más importante es que los programas de 12 pasos no tratan solo del dolor y el sufrimiento que inevitablemente acompañan el romper patrones adictivos profundamente arraigados y “ponerse sobrio”. También prometen y producen una vida mejor, una vida en la que la persona puede experimentar alegría auténtica, conexión y florecimiento humano. Los miembros de SPAA compartieron lo siguiente sobre su camino de recuperación dentro de la comunidad: “Sentí que algo cambió en mí, como si me quitaran un peso de encima”, “Me permitió vivir la vida que estaba destinado a vivir y ser feliz y gozoso”, “Me dio claridad mental para poder estar más presente en el momento”, y “Ahora las cosas me resbalan más y soy más resiliente”. No se trata solo de renunciar a algo, sino de ganar algo mejor. Esa es la promesa de la recuperación.

Anna Lembke, MD
20 de marzo de 2022

Actualizado el 11/7/2022